El poeta Diego Gómez era vecino de Moratalla y viajante de Nerpio. Conocido también como el inculto poeta, como él mismo se definía, Diego Gómez se inspiró en las calles y en la calidez de los nerpianos para escribir el poema que reproducimos a continuación.

 

Canto al Ruiseñor

 

Yo no sé por qué no cantas

como otras veces cantabas,

trinos de auroras floridas

en noches de gatas pardas,

con requiebros de suspiros

que al viento le despertabas.

Y el viento aún lleva notas,

el viento del eco de tu garganta

como si fueran guitarras,

guitarras que se han perdido

en una hoguera gitana

como se perdió tu trino.

 

Trinos! El trino de los caminos!

Ya no hay caminos ni sendas,

ni caminantes divinos

con alas de dioses blancas

por el polvo del camino

cómo se perdió tu cante!

Trinos con trinos de soñador.

 

Tú sembraste mi camino.

Cuando amaneció mi sol,

sol tan blanco.

Como ese sol

es la espuma que me envuelve

con trinos de ese cantor.

 

La noche guarda silencio.

La luna habla bajito.

La brisa juega en la zarza

y, en el barranco, un suspiro.

 

Y ese suspiro es que vuelvas

con tus trinos al camino.

 

Para que vuelvas, si quieres,

te planto un árbol

donde me deje el destino.

Le pondré un nido en sus ramas

con ceniceros de olivos

y pomos de lana blanca.

 

Ay! Cantor, que estoy herido,

con nudos en mi garganta,

mi corazón oprimido,

mis ojos llenos de lágrimas!

 

Porque aquí, que sepa yo, no hay jaulas

para encerrar a tus trinos,

solo zarzales, huerta, ramblas,

y ese lucero que alumbra,

y esa luna que resbala,

una torre que enmudece

y un castillo que se abrasa

de ver que tú ya no cantas

como otras veces cantabas.